sábado, 31 de marzo de 2018

Memoria para evitar la violencia


Todos recordamos muy bien las clases de geografía del colegio, la Argentina se componía del territorio continental y las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Hemos coloreado estas islas en los primeros grados del nivel primario, las hemos visto en los mapas, en los libros, en los planos de hule que se colgaban en el pizarrón, y esta imagen estaba ligada a una frase que nos repitieron hasta el cansancio: “Las Malvinas Son Argentinas”.  Esta afirmación la tenemos grabada en nuestras mentes desde la infancia. Sin embargo, al crecer e indagar sobre el tema, supimos que el litigio por la reivindicación de la soberanía territorial sobre estos archipiélagos data de 1833, año en que el Reino Unido las tomó por la fuerza. Los reclamos por su recuperación no cesaron por más de 150 años pero fue el 2 de abril de 1982 cuando las tropas argentinas desembarcaron en las islas.
El país estaba gobernado por una Junta Militar, que asumió tras un golpe de estado,  habíamos vivido una guerra sucia que dejó un saldo de treinta mil desaparecidos, la situación económica y social era caótica, los militares estaba desprestigiados y, aún cuando muchos desconocían la existencia de campos de concentración y torturas,  otros, miraban hacia un costado con el lema “algo habrán hecho”, pero ante la convocatoria por “las-Malvinas-son-argentinas”, una muchedumbre se reunió en la Plaza de Mayo en apoyo al general Leopoldo Galtieri, que con esta jugada –tal como había ocurrido con el mundial de fútbol- lograba distraer la atención de los graves problemas existentes.
Tanto quienes estaban a favor de esta guerra, como los opositores, una vez declarada se unieron en apoyo a todos los jóvenes que partieron hacia el sur, sin tener vocación ni experiencia militar. Con una instrucción básica otorgada por el servicio militar obligatorio, en la mayoría de los casos, sus intereses apuntaban al inicio de una carrera universitaria, o la necesidad de un buen trabajo para proyectar su vida futura, y/o el esparcimiento que corresponde a su edad tal como ir a bailar, escuchar un grupo musical o encarar una familia, pero todo esto quedó suspendido al ser convocados para servir a su país. Desgajados de sus hogares y enviados al sur, cambiaron ilusiones por el terror y horror  que implica una contienda de esta naturaleza.
Fueron dos meses, no más, pero dejaron  un saldo de muertos y heridos innecesarios, tal como todas las guerras han dejado desde tiempos inmemoriales.
La solidaridad de la sociedad toda se veía en las calles. Estaban los que iban con radios portátiles pegadas a sus oídos para tener la información de qué y cómo se desarrollaba el conflicto, las discusiones en los lugares de trabajo, los que donaban sus joyas, las mujeres que tejían calcetines de lana, las organizaciones de ayuda, pero esto no evitó que muchachos muy jóvenes vivieran una pesadilla que los marcó para siempre tanto a ellos como a sus familias y amigos.
Quién podía dudar que no por nada a Inglaterra se la llamó “la reina de los mares”, pero el poder de la negación por un lado y el de la esperanza por otro, unidos a la información dibujada desde el gobierno y suministrada por los medios periodísticos, hizo que la sociedad en su conjunto apostara por estos soldados improvisados que, en el sur, padecieron miedo, angustia, temperaturas a las que no estaban acostumbrados y falta de los implementos necesarios para enfrentar la batalla.
En ninguna guerra hay vencedores, todos son vencidos. Todos pierden. Sin embargo, si analizamos la situación mundial, comprobaremos que son muchos los pueblos que están padeciendo conflictos armados.
De nada sirven los adelantos científicos y tecnológicos si el género humano, por las razones que sea, sigue provocando situaciones de violencia, luchas fratricidas o intromisión bélica de países poderosos, en los conflictos internos de otro país.
Todos los argentinos nos lamentamos y compadecimos en aquel otoño del ‘82 del día a día que vivieron esos muchachos en las islas, pero ellos, no sólo sufrieron en el lapso del conflicto, sino después, cuando volvieron, por las consecuencias físicas y psíquicas que los marcaron.
Es esencial que todos conmemoremos el día 2 de abril, recordemos la deuda que tenemos con todos los soldados que, de una forma u otra, participaron en esta guerra innecesaria para la que no estaban debidamente preparados pero que igual tuvieron que asumir, que recordemos la pérdida de vidas y a los que, pese a sobrevivir, han quedado mutilados física o mentalmente.
Hay que mantener la memoria para priorizar y profundizar el diálogo en la solución de conflictos, evitando por todos los medios llegar a la confrontación armada.
Jorge Luis Borges, escribió a propósito de este tema:


JUAN LÓPEZ Y JOHN WARD

Les tocó en suerte una época extraña.
El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.
López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.
El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.
Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.
Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.
El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.

domingo, 3 de diciembre de 2017

El viernes 1 de diciembre se realizó la muestra anual del Círculo de Cuentos en el teatro Del  Pasillo, un espectáculo de cuentos no leidos sino narrados, de los que se interpretan como ocurría en aquellos viejos fogones que todos conocimos en los cuales una persona contaba y las otras escuchaban. Es importante recalcar esto en una época en que todos quieren ser escuchados pero nadie se detiene a escuchar a quien tiene al lado.

A diferencia de los fogones, aqui hubo una puesta en escena con dirección de Fer Narradora y  asistencia de Erika Brandauer quienes traspolaron el antiguo círculo alrededor del fuego por una suerte de área de recepción o foyer de teatro,  donde 8 mujeres vestidas de gala se paseaban, tomaban un trago, cuchicheaban dos aquí y tres allá, creando espacios para el siguiente cuento. Esta idea resultó interesante porque los espectadores teníamos la sensación de estar recorriendo el espacio con las cuentacuentos pero al mismo tiempo desconcertó al público, evitando que las artistas recibieran los merecidos aplausos, que disfrutaron al final.

La temática fue muy variada, relatos de humor directo como "Lavado, depilación y limpieza de cutis", de María Teresa Andruetto e interpretado por Alba Balboni, hasta "La Tana" un cuento de mi autoría, que tiene un carácter melancólico esperanzador muy bien interpretado por María Delia Gavin, quien demostró ductilidad al reproducir los acentos de gallega, italiana y paraguaya.
Al fin al nos invitaron a todos a concurrir el 16 de diciembre donde podremos escuchar otros cuentos de las mismas narradoras y está abierta la posibilidad de que los invitados lleven u lean su propio cuento-

Aquí la foto del equipo completo


Hasta la próxima
Omi Fernández

jueves, 30 de noviembre de 2017


En el espectáculo se leerán diferentes cuentos elegidos por las narradoras. María Delia Gavin leerá mi cuento "La Tana" publicado en "Dólmenes".

jueves, 16 de noviembre de 2017

Caloi y Clemente, siempre presentes

El 9 de noviembre de este año, Caloi hubiera cumplido 69 años, no llegó.  La muerte lo sorprendió el 8 de mayo del 2012. Sin embargo, la gente lo recuerda como lo que fue: un Grande.
El suyo, no sólo fue un humor muy argentino, sino también muy humano y comprometido con la realidad política, supo participar cuando lo que se imponía era el silencio, encontró una voz a través del humorismo que le permitió ser denunciante del Proceso Militar. Ese gobierno de facto que amordazó a la sociedad argentina con acciones tan despiadadas que la Revolución Libertadora, aquella del '55, pasa a ser -en la comparación- un juego de niños.
La tira de Caloi surge en 1973 con un personaje llamado Bartolo que maneja un tranvía y tiene una mascota sin brazos llamada Clemente. En su inicio, la historia giraba en torno a una visión melancólica de Buenos Aires, la mirada de Bartolo. Era un paneo por la ciudad con la intervención de su mascota como interlocutor, tal como Mendieta e Inodoro Pereyra, otros dos personajes grandiosos creado por su aún más grandioso autor: Roberto Fontanarrosa, que junto a Caloi, seguiremos recordando todos.
Caloi siempre tomó el pulso de la sociedad, si bien era salteño, su modo de analizar y vivir lo cotidiano, su pasión por el fútbol, por las mujeres curvilíneas y por el tango, lo convierten en un porteño, aunque ya el término excede a la General Paz, es un arquetipo humano que se ha tornado muy abarcativo. Lo que encuentra a través de su personaje es la preocupación cotidiana de los argentinos, y el hecho de que la tira fuera diaria le permitió a su creador ir creciendo y sintetizando el imaginario colectivo.
Año 1978: «los argentinos somos derechos y humanos», el público futbolero de todas partes acude al mundial de fútbol y frente a la consigna «nada de papelitos» Caloi utiliza a Clemente como un arma con la imagen del pajarraco sin brazos tirando papelitos en la cancha. Es que cuando, frente a la afluencia de extranjeros que provocaba el mundial, José María Muñoz, el relator deportivo de entonces, bajaba línea para que desde las tribunas no se tiraran papelitos con el propósito de evitar que la gente de otros países nos tildara de «sucios». Caloi captó la instrucción y la convirtió en resistencia, una resistencia pacífica y vestida de humor, con lo cual evitaba cualquier tipo de restricción o censura desde el gobierno.
Se criticaba a la A.F.A. y, por lo tanto, no se transgredía la consigna gubernamental, pero el pueblo en su conjunto también captó ese mensaje como una manera de confrontación, y los papelitos de Clemente ya son un hito en la historia de la resistencia de nuestra sociedad a los atropellos de quienes detentan el poder.
Otro tanto podemos decir de las votaciones del 2001, cuando mucha gente auto impugnó su voto colocando la imagen de Clemente en el sobre de los comicios.
Pero Caloi, no fue solamente el creador de Clemente, antes del '70 fue colaborador en la Revista Tía Vicenta y realizó el cortometraje “Las invasiones inglesas” que sólo por su título da cuenta de su interés por lo acontecido en toda la historia de nuestro país.
Entre la obra inolvidable que dejó está el programa televisivo «Caloi en su tinta», que se mantuvo en el aire por más de diez años, donde semana a semana nos acercaba cortos animados realizados en otros países. Gracias a este ciclo accedimos a la obra de grandes artistas plásticos de todos partes del mundo, nos mostró películas animadas que se destacaban por su nivel estético y semántico.
Puso en el aire óperas hechas por marionetistas internacionales basadas en obras como Turandot de Puccini y Rigoletto de Verdi (reducidas en su duración original y traducidas al inglés pero cantadas por artistas de primer nivel) que logró que muchos televidentes se acercaran por primera vez a ese género con tan mala prensa e incluso desestimado por el público que no lo conoce.
Realizó un largometraje animado «ánima Buenos Aires», que realizó con su compañera María Verónica Ramirez, que es productora ejecutiva y directora del film, junto a otros artistas gráficos como Carlos Nine, Pablo y Florencia Faivre y Pablo Rodríguez Jáuregui. Consta de cuatro partes como cuatro visiones diferentes de Buenos Aires tituladas: «Mi Buenos Aires herido», «Meado por los perros», «Claustrópolis» y «Bu-Bu». La música estuvo a cargo de Rodolfo Mederos, Gustavo Mozzi y Fernando Kabusacki.
Este film, que les llevó varios años de trabajo, utiliza tanto las técnicas tradicionales de animación como otras nuevas tales como collage y esténcil, este último realizado por Zaramella y Rulloni, con figuras bailando el tango y sobrevolando la ciudad.
No podía estar ausente el conventillo, el farol que se acomoda al porteño reo, el puente de La Boca y el obelisco, todo ello con una originalidad que emerge de la actitud de los creadores, quienes buscaron dentro de sí mismos en lugar de importar ideas foráneas.
De la creatividad y genialidad de Carlos Loiseau no tenemos dudas ni los argentinos ni los extranjeros, porque este artista plástico trascendió con mucho las fronteras de su país, pero ser el creador de un ídolo indiscutido que cobró vida propia traspolando a su autor. L ausencia de Caloi nos provoca la misma sorpresa, desazón, angustia y dolor que sentimos cuando se nos muere un amigo.Hemos perdido a un creador de magnitud, que con su personaje se excedió a sí mismo y penetró en todos los hogares, se metió en las conversaciones, irrumpió en las discusiones políticas --sin haber sido creado como humor político y se levantó como un líder indiscutido que vivirá con nosotros como Quino con Mafalda y Fontanarrosa con Inodoro Pereyra.
Publicado en Revista Aquende Noviembre 2017

lunes, 16 de octubre de 2017

Lola Mora, una mujer de avanzada

Tres mujeres se han destacado como verdaderas pioneras en la sociedad machista, conservadora y moralista de fines del siglo XIX, desarrollando sus vocaciones artísticas y desafiando las normas sociales sobre la condición de la mujer.
Permitirse ser madre soltera, enamorarse de un hombre casado y primo del esposo, y casarse con un hombre 21 años menor, a principios del siglo XX, es un emblema de singularización y coraje que dio que hablar a la maledicencia y les hizo pagar un precio muy alto por su atrevimiento.
Ellas son: Alfonsina Storni (1892-1938), poeta y periodista que escribió y publicó todos sus libros en un medio dominado por los hombres, dándose el lujo de ser madre soltera sin bajar la mirada.
Victoria Ocampo (1890-1979), periodista, escritora y mecenas, directora de la Revista “Sur”, que vivió desafiando los valores morales de su época y manteniéndose fiel a sus convicciones pese a la oposición de su familia y de la alta sociedad a la que pertenecía.
Lola Mora (1866-1936), escultora, dibujante e inventora que se atrevió a casar con un hombre 21 años menor que ella y que fuera objeto de los ataques de las damas moralistas así como de los políticos conservadores.
Si pensamos que a principios del siglo XXI, continúan los reclamos, las marchas y manifestaciones en favor de la igualdad de géneros, resulta abrumador imaginarse lo que debieron padecer estas mujeres por animarse a ser diferentes y la infelicidad como consecuencia de todas estas luchas.
Las tres han sido estudiadas por generaciones posteriores, reubicándolas en una revisión que, tampoco les hace justicia, ya que se pasó de la maledicencia a la idealización.
De lo que no cabe ninguna duda es que tienen ganado su lugar en la historia porque las tres eran talentosas y su arte resulta mucho más importante que sus historias personales.
Dolores Mora Vega nació entre Salta y Tucumán, ya que las dos provincias se disputan su pertenencia. Ella se sentía tucumana y quedó huérfana a los 18 años. Su habilidad para el retrato le permitió, antes de los 30 años, ser contratada por la legislatura de la provincia de Tucumán y reunir dinero para viajar a Buenos Aires y conseguir una beca para estudiar en Italia, que le otorga el presidente Uriburu.
Allí estudia con los mejores escultores, recibe premios y distinciones y se relaciona con los artistas de la sociedad francesa e italiana, lo que le da un prestigio que trae consigo al volver al país.
Relacionada con el presidente Julio A. Roca, y debido a su afición a las obras de gran tamaño, éste le encarga varios monumentos y hasta le cede un espacio en los subsuelos del Congreso de la Nación, para que ella utilice como taller. Durante estos años viaja constantemente y trabaja tanto en el atelier que tiene en Italia como en el de Buenos Aires.
La fuente de las Nereidas, renombrada por el público “La fuente de Lola Mora”, es totalmente realizada en Europa, en mármol de Carrara y traída en grandes bloques. La idea era ubicarla frente a la Catedral Metropolitana, pero las ligas moralistas de las damas de beneficencia y los opositores a Roca, aúnan sus voces en contra de esa “inmoralidad” y se inaugura en 1903 en El Paseo de Julio, con un gentío que más que ir a ver la obra, tiene curiosidad por esas desnudeces profanas que alteran la moral pública. Las mujeres de la sociedad se sintieron ofendidas por esta escultora que en su taller tenía la osadía de trabajar en pantalones.
Estas anécdotas que rodearon siempre la vida de Lola Mora, empalidecen la valía de su obra que es realmente monumental, con base en el neoclasicismo pero con la influencia que tuvo de los escultores franceses y españoles que ya incursionaban en el abstractismo.  Sus figuras tienen la fuerza de la naturaleza al desnudo, no hay cosmética, es pura garra. Realizó grandes obras que se encuentran en San Salvador de Jujuy, Rosario y Avellaneda por nombrar solo algunas ciudades.
Para el Congreso de la Nación realizó dos grupos escultóricos para ser colocados a los lados de la escalinata principal, que respondían uno al concepto de Libertad y Progreso, y otro al de Justicia, Trabajo y Paz. En su momento fueron retirados de su emplazamiento original por considerárselos “adefesios horribles” y ubicados en la casa de gobierno de la ciudad de San Salvador de Jujuy. Hace pocos años, se realizaron réplicas en 3D de los originales y se emplazaron a los lados de la escalinata del Congreso, en su sitio original.
El presidente Roca termina su mandato en 1904, y se recluye en una estancia en Córdoba, sus detractores tienen campo libre para lanzarse en una campaña de descrédito. No obstante, ella sigue trabajando en el taller del Congreso y allí se enamora de Luis Hernández Otero, un empleado 21 años menor que ella, hijo de un gobernador entrerriano, con quien se casa en 1909. Viajan a Italia y al poco tiempo, Lola Mora descubre las infidelidades de su marido, y terminan separándose.
Vuelve a la Argentina y decide ocuparse de la extracción de petróleo a partir de restos fósiles y se interna en cueva salteñas, invierte todo su dinero en este proyecto quedando al final con muchos inventos registrados pero empobrecida.
Enferma y sin dinero, es internada por sus tres sobrinas quienes la acompañan hasta el final, y quienes, con el fin de preservar la imagen pública de su tía,  queman la correspondencia y todos los papeles personales, que hubieran sido tan útiles para delinear su perfil.

Publicada en Revista Aquende Octubre 2017 

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jueves, 5 de octubre de 2017

El mirador Comastri

Nuestra cultura se ha ido forjando con el aporte de la inmigración, en especial la española y la italiana, que han venido a buscar un mejor futuro para ellos y sus hijos y lo consiguieron gracias a su contracción al trabajo constante. Si bien venían a “hacerse la América” su mentalidad se había forjado en la cultura del trabajo y evolucionaron porque este país les abrió sus puertas sin prejuicios y también por su dedicación y perseverancia en la tarea que realizaban.
Fue un italiano, Agustin Comastri quien en 1860 llegó a la Argentina y con solo 30 años se dedicó, junto a su mujer Clementina Cataldi, a aprovechar la tierra; plantar hortalizas, árboles frutales, tuvieron viñedos, y hasta en un momento fabricación de ladrillos. Todo en un predio comprendido entre las calles Niceto Vega, Dorrego, Corrientes y el arroyo Maldonado que por esa época estaba a cielo abierto.
El lugar fue utilizado por personajes históricos de la talla de Nicolás Avellaneda, Carlos Pellegrini, Luis maría Campos y Bartolomé Mitre. Y afirman los historiadores que le sirvió de escondite a Hipólito Yrigoyen en la revolución radical que ocurriera en el año 1893.
Comastri eligió la manzana comprendida entre las calles Loyola, Bonpland, Aguirre y Fitz Roy para la construcción de una casa que albergara a toda su familia. El arquitecto Eugenio Bagini diseñó en el centro de la manzana un mirador desde el cual se podían visualizar posibles enemigos.
El predio original fueron achicándose por varias razones: tuvo que vender una parte al gobierno para construir las vías del ferrocarril Urquiza, luego sus ganancias mermaron por emprendimientos que no resultaron satisfactorios y, así, fue desprendiéndose de otros lotes.
Al morir en el año 1991, sus diez hijos dividieron el predio en parcelas que fueron vendiendo y solo quedó en propiedad de la familia la manzana en que se encuentra el mirador. El lugar fue alquilado por distintas instituciones: un hogar para niños con problemas, luego una universidad y en la actualidad funciona la Escuela Nacional de Educación Técnica N° 34, Ing. Enrique Martin Hermitte.
El sitio fue declarado de interés cultural y gracias a la decisión, esfuerzo y perseverancia de las fuerzas vivas barriales tales como la Junta de Estudios Históricos de Chacarita y Colegiales, la Asociación de Amigos del Parque Los Andes acompañados por el tataranieto de Agustín Comastri, el arquitecto Raúl Comastri, lograron aprobar los planes del plan de refacciones e iniciar las obras pertinentes con miras a reabrir sus puertas para ser un lugar visitado por vecinos y turistas.
La cúpula tenía los vidrios rotos, techos y paredes en mal estado debido a las lluvias e incluso una parte del edificio se había desmoronado. Por otra parte, por necesidades de los locatarios, se construyó pegada al mirador, un ala nueva que no mantenía el estilo neo-renacentista.
En abril de 2017 comenzaron las obras, con la idea de mantener el estilo neo-renacentista que tuviera en su origen, incluso desplazando las construcciones que fueron agregadas a posteriori dentro del mismo terreno.
Es de hacer notar que existe una puja entre los barrios de Chacarita y Villa Crespo ya que ambos afirman que la propiedad corresponde a sus respectivos barrios.
Diego del Pino, colaborador durante veinte años de la revista Aquende, que ha ganado numerosos premios como historiador de los barrios porteños consideraba que por la delimitación del barrio de Chacarita el mirador Comastri se correspondía con este barrio y no con el de Villa Crespo pero la puja continúa y, en rigor, el conflicto que divide a los dos barrios es de dos cuadras ya que el mirador está en el límite.
De lo que no quedan dudas es de que ese mirador rural, uno de los pocos que continúan en pie en la ciudad, merece ser restaurado para el bien de todos.
El predio ha sido catalogado por la Legislatura en el año 2004 como Sitio de Interés Cultural, y tiene Protección Estructural del Área de Patrimonio Histórico esto, con ser de mucha importancia, no alcanza a su preservación si no se encuentra la manera de convertirlo en un sitio vivo, como sería si se lograra habilitarlo como centro cultural del barrio.
Chacarita se ha ido modificando mucho en los últimos años debido en parte a las productoras de cine y televisión como Pol-ka e Ideas del Sur, por lo cual numerosos artistas se están mudando a esta zona, por otro lado se lo ha catalogado por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires como Distrito Audiovisual, restaurantes de distintas características se han instalado en sus calles, como bares y confiterías. Caben mencionar también los centros científicos para niños, y la gran cantidad de paredes pintadas por artistas plásticos que le va dando un toque especial a sus callecitas empedradas.

Estamos a la espera de sumar al Mirador Comastri como centro de actividades culturales, lo que continuaría con esta movida progresista que nos beneficia a todos.

Publicado en Revista Aquende Setiembre 2017

domingo, 13 de agosto de 2017

Para muestra: ¿Con un botón basta?

La competencia de los medios de comunicación, sean estos gráficos, radiales, televisivos o provenientes de las redes sociales, ha llevado a esta sociedad a recibir, en forma diaria, una catarata de malas noticias. Pareciera que la bondad, el buen trato, la cultura del trabajo y los esfuerzos que realiza la gente estudiando para superarse a sí misma y tener mejores empleos, no resultan interesantes para difundir.
Esto se agrava actualmente por la cantidad de canales, radios, revistas y redes sociales que se multiplican cada vez más, atosigándonos desde distintos ámbitos.
Nadie niega que la violencia de género es un flagelo que existió siempre pero  hoy en día aumentó exponencialmente, en parte, por la insistencia de los medios en repetirlas. Además, el avance innegable de la mujer en la sociedad se produjo con tanta celeridad que los hombres, en especial los menos preparados, lo viven como un peligro del que es imprescindible defenderse.
Pensemos en el siglo XIX, se viajaba en carretas tiradas por bueyes por lo cual los traslados eran muy lentos. No existían ni el teléfono, ni la radio, ni la televisión, ni internet. No se podía grabar sonido, no existían los discos y la gente concurría a los conciertos en vivo, donde todos los instrumentos eran acústicos. Los entretenimientos estaban dados por la música, la lectura, la plástica y el teatro.
Todos los cambios se ocurrieron en cien años, a tal punto que, si le preguntáramos a algún niño menor de diez años, no podría imaginarse a una sociedad vivía sin computadoras, tablets, celulares, etc.
La vida cotidiana se transformó en un torbellino y la necesidad de responder a los estímulos que se nos presentan nos obliga a vivir estresados.
El estrés modifica nuestro humor, nos exigimos rendir más de lo que deberíamos, los médicos nos aconsejan descansar, dormir ocho horas y ellos hacen guardias de treinta y seis. La multiplicidad de funciones de los teléfonos celulares hace que las personas caminen por la calle, viajen en colectivo, subte o tren con la vista fija en la pantalla del pequeño adminículo que se ha convertido en nuestro dictador personal. Incluso vemos a diario personas que utilizan el teléfono mientras manejan.
Las comidas familiares han perdido la sobremesa, cada vez dialogan menos porque sus miembros están enviando o contestando mensajes.  Así vamos, inevitablemente, camino al autismo.
Si bien las noticias funestas deben ser dadas a conocer a la población, deberían comunicarse con la misma tenacidad las buenas, las que nos completan la realidad porque si bien la violencia de género existe, también existe el amor entre parejas. Hay pedófilos y también padres que se brindan a sus hijos con devoción. Hay corrupción en los políticos y también gente honrada y honesta que se entrega a la política con la intención de mejorar las cosas que andan mal. Hay gente que te atropella por la vereda pero también gente que pide disculpas y, finalmente, hay muchos carteristas, estafadores y ladrones y muchas más personas que tienen en claro no quedarse con lo que no les pertenece.
Creo que tendríamos que ampliar nuestra visión porque pareciera que estamos programados para registrar lo negativo en todos los órdenes. Un comediante dijo por televisión “estoy cansado de que me digan que se perdió un anciano con alzheimer pero que no me cuenten de cuando lo encontraron”.
Hay gente que trabaja ad-honorem atendiendo el teléfono en atención al suicida, hay mujeres que tejen muñequitos para los niños con enfermedades graves internados en hospitales públicos, y también hombres y mujeres que les leen a los ciegos. Y otra enorme cantidad de actividades que realizan personas con el solo propósito de ayudar a quien lo necesita.
El martes 25 de julio pasado, caminando muy rápido por la calle Federico Lacroze a la altura de Alvarez Thomas, de pronto me doy cuenta de que no tengo la cartera que llevaba en bandolera. Tenía poco dinero pero todos los documentos, tarjetas, agenda, teléfono y muchos papelitos, con recordatorios para mí, que escribo en el momento y no podría rehacer. Mi primer pensamiento fue “me la robaron”, volví sobre mis pasos porque de todos modos no tenía ni la Sube, así que debía volver a mi casa. Luego de hacer media cuadra tan rápido como antes veo a un señor que me hace señas y detrás de este, un muchacho con mi cartera en alto y la correa colgando, no me habían robado, se me había caído.
El primero me dijo: “vi cuando se le cayó pero iba tan apurada que cruzó antes de que pudiera avisarle”. El que estaba más atrás, enarbolando mi cartera de la cual colgaba la manija que se había soltado de un lado, me dijo: “justo iba a abrirla para ver si había algún teléfono donde llamar”, quedé sorprendida y me deshice en dar las gracias.
Existe la gente buena, honrada y solidaria y son mayoría.




Publicada en Revista Aquende Agosto de 2017

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