jueves, 16 de noviembre de 2017

Caloi y Clemente, siempre presentes

El 9 de noviembre de este año, Caloi hubiera cumplido 69 años, no llegó.  La muerte lo sorprendió el 8 de mayo del 2012. Sin embargo, la gente lo recuerda como lo que fue: un Grande.
El suyo, no sólo fue un humor muy argentino, sino también muy humano y comprometido con la realidad política, supo participar cuando lo que se imponía era el silencio, encontró una voz a través del humorismo que le permitió ser denunciante del Proceso Militar. Ese gobierno de facto que amordazó a la sociedad argentina con acciones tan despiadadas que la Revolución Libertadora, aquella del '55, pasa a ser -en la comparación- un juego de niños.
La tira de Caloi surge en 1973 con un personaje llamado Bartolo que maneja un tranvía y tiene una mascota sin brazos llamada Clemente. En su inicio, la historia giraba en torno a una visión melancólica de Buenos Aires, la mirada de Bartolo. Era un paneo por la ciudad con la intervención de su mascota como interlocutor, tal como Mendieta e Inodoro Pereyra, otros dos personajes grandiosos creado por su aún más grandioso autor: Roberto Fontanarrosa, que junto a Caloi, seguiremos recordando todos.
Caloi siempre tomó el pulso de la sociedad, si bien era salteño, su modo de analizar y vivir lo cotidiano, su pasión por el fútbol, por las mujeres curvilíneas y por el tango, lo convierten en un porteño, aunque ya el término excede a la General Paz, es un arquetipo humano que se ha tornado muy abarcativo. Lo que encuentra a través de su personaje es la preocupación cotidiana de los argentinos, y el hecho de que la tira fuera diaria le permitió a su creador ir creciendo y sintetizando el imaginario colectivo.
Año 1978: «los argentinos somos derechos y humanos», el público futbolero de todas partes acude al mundial de fútbol y frente a la consigna «nada de papelitos» Caloi utiliza a Clemente como un arma con la imagen del pajarraco sin brazos tirando papelitos en la cancha. Es que cuando, frente a la afluencia de extranjeros que provocaba el mundial, José María Muñoz, el relator deportivo de entonces, bajaba línea para que desde las tribunas no se tiraran papelitos con el propósito de evitar que la gente de otros países nos tildara de «sucios». Caloi captó la instrucción y la convirtió en resistencia, una resistencia pacífica y vestida de humor, con lo cual evitaba cualquier tipo de restricción o censura desde el gobierno.
Se criticaba a la A.F.A. y, por lo tanto, no se transgredía la consigna gubernamental, pero el pueblo en su conjunto también captó ese mensaje como una manera de confrontación, y los papelitos de Clemente ya son un hito en la historia de la resistencia de nuestra sociedad a los atropellos de quienes detentan el poder.
Otro tanto podemos decir de las votaciones del 2001, cuando mucha gente auto impugnó su voto colocando la imagen de Clemente en el sobre de los comicios.
Pero Caloi, no fue solamente el creador de Clemente, antes del '70 fue colaborador en la Revista Tía Vicenta y realizó el cortometraje “Las invasiones inglesas” que sólo por su título da cuenta de su interés por lo acontecido en toda la historia de nuestro país.
Entre la obra inolvidable que dejó está el programa televisivo «Caloi en su tinta», que se mantuvo en el aire por más de diez años, donde semana a semana nos acercaba cortos animados realizados en otros países. Gracias a este ciclo accedimos a la obra de grandes artistas plásticos de todos partes del mundo, nos mostró películas animadas que se destacaban por su nivel estético y semántico.
Puso en el aire óperas hechas por marionetistas internacionales basadas en obras como Turandot de Puccini y Rigoletto de Verdi (reducidas en su duración original y traducidas al inglés pero cantadas por artistas de primer nivel) que logró que muchos televidentes se acercaran por primera vez a ese género con tan mala prensa e incluso desestimado por el público que no lo conoce.
Realizó un largometraje animado «ánima Buenos Aires», que realizó con su compañera María Verónica Ramirez, que es productora ejecutiva y directora del film, junto a otros artistas gráficos como Carlos Nine, Pablo y Florencia Faivre y Pablo Rodríguez Jáuregui. Consta de cuatro partes como cuatro visiones diferentes de Buenos Aires tituladas: «Mi Buenos Aires herido», «Meado por los perros», «Claustrópolis» y «Bu-Bu». La música estuvo a cargo de Rodolfo Mederos, Gustavo Mozzi y Fernando Kabusacki.
Este film, que les llevó varios años de trabajo, utiliza tanto las técnicas tradicionales de animación como otras nuevas tales como collage y esténcil, este último realizado por Zaramella y Rulloni, con figuras bailando el tango y sobrevolando la ciudad.
No podía estar ausente el conventillo, el farol que se acomoda al porteño reo, el puente de La Boca y el obelisco, todo ello con una originalidad que emerge de la actitud de los creadores, quienes buscaron dentro de sí mismos en lugar de importar ideas foráneas.
De la creatividad y genialidad de Carlos Loiseau no tenemos dudas ni los argentinos ni los extranjeros, porque este artista plástico trascendió con mucho las fronteras de su país, pero ser el creador de un ídolo indiscutido que cobró vida propia traspolando a su autor. L ausencia de Caloi nos provoca la misma sorpresa, desazón, angustia y dolor que sentimos cuando se nos muere un amigo.Hemos perdido a un creador de magnitud, que con su personaje se excedió a sí mismo y penetró en todos los hogares, se metió en las conversaciones, irrumpió en las discusiones políticas --sin haber sido creado como humor político y se levantó como un líder indiscutido que vivirá con nosotros como Quino con Mafalda y Fontanarrosa con Inodoro Pereyra.
Publicado en Revista Aquende Noviembre 2017

lunes, 16 de octubre de 2017

Lola Mora, una mujer de avanzada

Tres mujeres se han destacado como verdaderas pioneras en la sociedad machista, conservadora y moralista de fines del siglo XIX, desarrollando sus vocaciones artísticas y desafiando las normas sociales sobre la condición de la mujer.
Permitirse ser madre soltera, enamorarse de un hombre casado y primo del esposo, y casarse con un hombre 21 años menor, a principios del siglo XX, es un emblema de singularización y coraje que dio que hablar a la maledicencia y les hizo pagar un precio muy alto por su atrevimiento.
Ellas son: Alfonsina Storni (1892-1938), poeta y periodista que escribió y publicó todos sus libros en un medio dominado por los hombres, dándose el lujo de ser madre soltera sin bajar la mirada.
Victoria Ocampo (1890-1979), periodista, escritora y mecenas, directora de la Revista “Sur”, que vivió desafiando los valores morales de su época y manteniéndose fiel a sus convicciones pese a la oposición de su familia y de la alta sociedad a la que pertenecía.
Lola Mora (1866-1936), escultora, dibujante e inventora que se atrevió a casar con un hombre 21 años menor que ella y que fuera objeto de los ataques de las damas moralistas así como de los políticos conservadores.
Si pensamos que a principios del siglo XXI, continúan los reclamos, las marchas y manifestaciones en favor de la igualdad de géneros, resulta abrumador imaginarse lo que debieron padecer estas mujeres por animarse a ser diferentes y la infelicidad como consecuencia de todas estas luchas.
Las tres han sido estudiadas por generaciones posteriores, reubicándolas en una revisión que, tampoco les hace justicia, ya que se pasó de la maledicencia a la idealización.
De lo que no cabe ninguna duda es que tienen ganado su lugar en la historia porque las tres eran talentosas y su arte resulta mucho más importante que sus historias personales.
Dolores Mora Vega nació entre Salta y Tucumán, ya que las dos provincias se disputan su pertenencia. Ella se sentía tucumana y quedó huérfana a los 18 años. Su habilidad para el retrato le permitió, antes de los 30 años, ser contratada por la legislatura de la provincia de Tucumán y reunir dinero para viajar a Buenos Aires y conseguir una beca para estudiar en Italia, que le otorga el presidente Uriburu.
Allí estudia con los mejores escultores, recibe premios y distinciones y se relaciona con los artistas de la sociedad francesa e italiana, lo que le da un prestigio que trae consigo al volver al país.
Relacionada con el presidente Julio A. Roca, y debido a su afición a las obras de gran tamaño, éste le encarga varios monumentos y hasta le cede un espacio en los subsuelos del Congreso de la Nación, para que ella utilice como taller. Durante estos años viaja constantemente y trabaja tanto en el atelier que tiene en Italia como en el de Buenos Aires.
La fuente de las Nereidas, renombrada por el público “La fuente de Lola Mora”, es totalmente realizada en Europa, en mármol de Carrara y traída en grandes bloques. La idea era ubicarla frente a la Catedral Metropolitana, pero las ligas moralistas de las damas de beneficencia y los opositores a Roca, aúnan sus voces en contra de esa “inmoralidad” y se inaugura en 1903 en El Paseo de Julio, con un gentío que más que ir a ver la obra, tiene curiosidad por esas desnudeces profanas que alteran la moral pública. Las mujeres de la sociedad se sintieron ofendidas por esta escultora que en su taller tenía la osadía de trabajar en pantalones.
Estas anécdotas que rodearon siempre la vida de Lola Mora, empalidecen la valía de su obra que es realmente monumental, con base en el neoclasicismo pero con la influencia que tuvo de los escultores franceses y españoles que ya incursionaban en el abstractismo.  Sus figuras tienen la fuerza de la naturaleza al desnudo, no hay cosmética, es pura garra. Realizó grandes obras que se encuentran en San Salvador de Jujuy, Rosario y Avellaneda por nombrar solo algunas ciudades.
Para el Congreso de la Nación realizó dos grupos escultóricos para ser colocados a los lados de la escalinata principal, que respondían uno al concepto de Libertad y Progreso, y otro al de Justicia, Trabajo y Paz. En su momento fueron retirados de su emplazamiento original por considerárselos “adefesios horribles” y ubicados en la casa de gobierno de la ciudad de San Salvador de Jujuy. Hace pocos años, se realizaron réplicas en 3D de los originales y se emplazaron a los lados de la escalinata del Congreso, en su sitio original.
El presidente Roca termina su mandato en 1904, y se recluye en una estancia en Córdoba, sus detractores tienen campo libre para lanzarse en una campaña de descrédito. No obstante, ella sigue trabajando en el taller del Congreso y allí se enamora de Luis Hernández Otero, un empleado 21 años menor que ella, hijo de un gobernador entrerriano, con quien se casa en 1909. Viajan a Italia y al poco tiempo, Lola Mora descubre las infidelidades de su marido, y terminan separándose.
Vuelve a la Argentina y decide ocuparse de la extracción de petróleo a partir de restos fósiles y se interna en cueva salteñas, invierte todo su dinero en este proyecto quedando al final con muchos inventos registrados pero empobrecida.
Enferma y sin dinero, es internada por sus tres sobrinas quienes la acompañan hasta el final, y quienes, con el fin de preservar la imagen pública de su tía,  queman la correspondencia y todos los papeles personales, que hubieran sido tan útiles para delinear su perfil.

Publicada en Revista Aquende Octubre 2017 

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jueves, 5 de octubre de 2017

El mirador Comastri

Nuestra cultura se ha ido forjando con el aporte de la inmigración, en especial la española y la italiana, que han venido a buscar un mejor futuro para ellos y sus hijos y lo consiguieron gracias a su contracción al trabajo constante. Si bien venían a “hacerse la América” su mentalidad se había forjado en la cultura del trabajo y evolucionaron porque este país les abrió sus puertas sin prejuicios y también por su dedicación y perseverancia en la tarea que realizaban.
Fue un italiano, Agustin Comastri quien en 1860 llegó a la Argentina y con solo 30 años se dedicó, junto a su mujer Clementina Cataldi, a aprovechar la tierra; plantar hortalizas, árboles frutales, tuvieron viñedos, y hasta en un momento fabricación de ladrillos. Todo en un predio comprendido entre las calles Niceto Vega, Dorrego, Corrientes y el arroyo Maldonado que por esa época estaba a cielo abierto.
El lugar fue utilizado por personajes históricos de la talla de Nicolás Avellaneda, Carlos Pellegrini, Luis maría Campos y Bartolomé Mitre. Y afirman los historiadores que le sirvió de escondite a Hipólito Yrigoyen en la revolución radical que ocurriera en el año 1893.
Comastri eligió la manzana comprendida entre las calles Loyola, Bonpland, Aguirre y Fitz Roy para la construcción de una casa que albergara a toda su familia. El arquitecto Eugenio Bagini diseñó en el centro de la manzana un mirador desde el cual se podían visualizar posibles enemigos.
El predio original fueron achicándose por varias razones: tuvo que vender una parte al gobierno para construir las vías del ferrocarril Urquiza, luego sus ganancias mermaron por emprendimientos que no resultaron satisfactorios y, así, fue desprendiéndose de otros lotes.
Al morir en el año 1991, sus diez hijos dividieron el predio en parcelas que fueron vendiendo y solo quedó en propiedad de la familia la manzana en que se encuentra el mirador. El lugar fue alquilado por distintas instituciones: un hogar para niños con problemas, luego una universidad y en la actualidad funciona la Escuela Nacional de Educación Técnica N° 34, Ing. Enrique Martin Hermitte.
El sitio fue declarado de interés cultural y gracias a la decisión, esfuerzo y perseverancia de las fuerzas vivas barriales tales como la Junta de Estudios Históricos de Chacarita y Colegiales, la Asociación de Amigos del Parque Los Andes acompañados por el tataranieto de Agustín Comastri, el arquitecto Raúl Comastri, lograron aprobar los planes del plan de refacciones e iniciar las obras pertinentes con miras a reabrir sus puertas para ser un lugar visitado por vecinos y turistas.
La cúpula tenía los vidrios rotos, techos y paredes en mal estado debido a las lluvias e incluso una parte del edificio se había desmoronado. Por otra parte, por necesidades de los locatarios, se construyó pegada al mirador, un ala nueva que no mantenía el estilo neo-renacentista.
En abril de 2017 comenzaron las obras, con la idea de mantener el estilo neo-renacentista que tuviera en su origen, incluso desplazando las construcciones que fueron agregadas a posteriori dentro del mismo terreno.
Es de hacer notar que existe una puja entre los barrios de Chacarita y Villa Crespo ya que ambos afirman que la propiedad corresponde a sus respectivos barrios.
Diego del Pino, colaborador durante veinte años de la revista Aquende, que ha ganado numerosos premios como historiador de los barrios porteños consideraba que por la delimitación del barrio de Chacarita el mirador Comastri se correspondía con este barrio y no con el de Villa Crespo pero la puja continúa y, en rigor, el conflicto que divide a los dos barrios es de dos cuadras ya que el mirador está en el límite.
De lo que no quedan dudas es de que ese mirador rural, uno de los pocos que continúan en pie en la ciudad, merece ser restaurado para el bien de todos.
El predio ha sido catalogado por la Legislatura en el año 2004 como Sitio de Interés Cultural, y tiene Protección Estructural del Área de Patrimonio Histórico esto, con ser de mucha importancia, no alcanza a su preservación si no se encuentra la manera de convertirlo en un sitio vivo, como sería si se lograra habilitarlo como centro cultural del barrio.
Chacarita se ha ido modificando mucho en los últimos años debido en parte a las productoras de cine y televisión como Pol-ka e Ideas del Sur, por lo cual numerosos artistas se están mudando a esta zona, por otro lado se lo ha catalogado por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires como Distrito Audiovisual, restaurantes de distintas características se han instalado en sus calles, como bares y confiterías. Caben mencionar también los centros científicos para niños, y la gran cantidad de paredes pintadas por artistas plásticos que le va dando un toque especial a sus callecitas empedradas.

Estamos a la espera de sumar al Mirador Comastri como centro de actividades culturales, lo que continuaría con esta movida progresista que nos beneficia a todos.

Publicado en Revista Aquende Setiembre 2017

domingo, 13 de agosto de 2017

Para muestra: ¿Con un botón basta?

La competencia de los medios de comunicación, sean estos gráficos, radiales, televisivos o provenientes de las redes sociales, ha llevado a esta sociedad a recibir, en forma diaria, una catarata de malas noticias. Pareciera que la bondad, el buen trato, la cultura del trabajo y los esfuerzos que realiza la gente estudiando para superarse a sí misma y tener mejores empleos, no resultan interesantes para difundir.
Esto se agrava actualmente por la cantidad de canales, radios, revistas y redes sociales que se multiplican cada vez más, atosigándonos desde distintos ámbitos.
Nadie niega que la violencia de género es un flagelo que existió siempre pero  hoy en día aumentó exponencialmente, en parte, por la insistencia de los medios en repetirlas. Además, el avance innegable de la mujer en la sociedad se produjo con tanta celeridad que los hombres, en especial los menos preparados, lo viven como un peligro del que es imprescindible defenderse.
Pensemos en el siglo XIX, se viajaba en carretas tiradas por bueyes por lo cual los traslados eran muy lentos. No existían ni el teléfono, ni la radio, ni la televisión, ni internet. No se podía grabar sonido, no existían los discos y la gente concurría a los conciertos en vivo, donde todos los instrumentos eran acústicos. Los entretenimientos estaban dados por la música, la lectura, la plástica y el teatro.
Todos los cambios se ocurrieron en cien años, a tal punto que, si le preguntáramos a algún niño menor de diez años, no podría imaginarse a una sociedad vivía sin computadoras, tablets, celulares, etc.
La vida cotidiana se transformó en un torbellino y la necesidad de responder a los estímulos que se nos presentan nos obliga a vivir estresados.
El estrés modifica nuestro humor, nos exigimos rendir más de lo que deberíamos, los médicos nos aconsejan descansar, dormir ocho horas y ellos hacen guardias de treinta y seis. La multiplicidad de funciones de los teléfonos celulares hace que las personas caminen por la calle, viajen en colectivo, subte o tren con la vista fija en la pantalla del pequeño adminículo que se ha convertido en nuestro dictador personal. Incluso vemos a diario personas que utilizan el teléfono mientras manejan.
Las comidas familiares han perdido la sobremesa, cada vez dialogan menos porque sus miembros están enviando o contestando mensajes.  Así vamos, inevitablemente, camino al autismo.
Si bien las noticias funestas deben ser dadas a conocer a la población, deberían comunicarse con la misma tenacidad las buenas, las que nos completan la realidad porque si bien la violencia de género existe, también existe el amor entre parejas. Hay pedófilos y también padres que se brindan a sus hijos con devoción. Hay corrupción en los políticos y también gente honrada y honesta que se entrega a la política con la intención de mejorar las cosas que andan mal. Hay gente que te atropella por la vereda pero también gente que pide disculpas y, finalmente, hay muchos carteristas, estafadores y ladrones y muchas más personas que tienen en claro no quedarse con lo que no les pertenece.
Creo que tendríamos que ampliar nuestra visión porque pareciera que estamos programados para registrar lo negativo en todos los órdenes. Un comediante dijo por televisión “estoy cansado de que me digan que se perdió un anciano con alzheimer pero que no me cuenten de cuando lo encontraron”.
Hay gente que trabaja ad-honorem atendiendo el teléfono en atención al suicida, hay mujeres que tejen muñequitos para los niños con enfermedades graves internados en hospitales públicos, y también hombres y mujeres que les leen a los ciegos. Y otra enorme cantidad de actividades que realizan personas con el solo propósito de ayudar a quien lo necesita.
El martes 25 de julio pasado, caminando muy rápido por la calle Federico Lacroze a la altura de Alvarez Thomas, de pronto me doy cuenta de que no tengo la cartera que llevaba en bandolera. Tenía poco dinero pero todos los documentos, tarjetas, agenda, teléfono y muchos papelitos, con recordatorios para mí, que escribo en el momento y no podría rehacer. Mi primer pensamiento fue “me la robaron”, volví sobre mis pasos porque de todos modos no tenía ni la Sube, así que debía volver a mi casa. Luego de hacer media cuadra tan rápido como antes veo a un señor que me hace señas y detrás de este, un muchacho con mi cartera en alto y la correa colgando, no me habían robado, se me había caído.
El primero me dijo: “vi cuando se le cayó pero iba tan apurada que cruzó antes de que pudiera avisarle”. El que estaba más atrás, enarbolando mi cartera de la cual colgaba la manija que se había soltado de un lado, me dijo: “justo iba a abrirla para ver si había algún teléfono donde llamar”, quedé sorprendida y me deshice en dar las gracias.
Existe la gente buena, honrada y solidaria y son mayoría.




Publicada en Revista Aquende Agosto de 2017

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viernes, 16 de junio de 2017

Nelly Omar, la mujer del tango

De pie en el escenario, con el acompañamiento de guitarras, la espalda bien derecha, la voz límpida y la garra que la caracterizó siempre, así festejó Nelly Omar su cumpleaños número 100. Un Luna Park lleno de gente entusiasta la acompañaba, escuchando con atención y aplausos el vals “Parece Mentira” de Francisco Canaro y Homero Manzi: “Yo soy como siempre, yo nunca cambié…” que eligió como primer tema porque según ella esta letra la representaba.
En rigor, esa frase la representa en parte, la parte que tiene que ver con sus convicciones políticas, su lealtad sin reservas a Juan Domingo Perón y su amistad desinteresada con Eva Perón. En lo que respecta a su actitud frente a la vida, tuvo la inteligencia de ir adaptándose a los tiempos que le tocó vivir y, como dijo más de una vez, a tener una actitud positiva frente a la adversidad.
Nilda Elvira Vattuone (conocida como Nelly Omar), nació en Bonifacio, Provincia de Buenos Aires un 24 de setiembre de 1911, aunque muy pronto su familia se mudó a Guaminí, localidad a la que siempre recordaba, dedicándole la canción que lleva ese nombre.
Su padre fue una figura que marcó su infancia y la de sus hermanos, tocaba la guitarra y era amigo de Razzano, razón por la cual siendo una niña ella escuchó cantar a Gardel en su propia casa.
Eran diez hermanos, su padre murió cuando ella tenía 11 años y su madre los trajo a todos a Buenos Aires, con la ilusión de darles un futuro mejor. Ella trabajó de muy joven en una fábrica de medias hasta lograr en 1924 un contrato con el dueño del cine teatro Argos, sito en Federico Lacroze 3455 de esta capital, que aún existe, que consistía en cantar en un festival a beneficio del Club Colegiales.
Esta presentación le valió vincularse con el ambiente radial donde muy pronto consiguió un contrato para cantar en Radio Rivadavia y luego en Splendid. Corría el año 1932, tanto el tango como la radio eran las prima donnas del entretenimiento. Tenía por ese entonces 20 años.
Se casó en 1935 con Antonio Molina para evitar ser la cuidadora de sus hermanos pero no resultó de ninguna manera. Estuvieron dos meses juntos aunque oficialmente se separaron a los 8 años. Luego apareció Homero Manzi en su vida, que estaba loco por ella pero no se divorciaba de su mujer. Cuentan los que los conocieron que vivieron un apasionado romance, trunco, porque ella no toleraba una relación compartida y él, por su parte, había experimentado el dolor de ver a su mujer tratando de suicidarse porque él la dejara. Es posible que ella negara por años esa relación por una formación rígida moralmente, representativa de la primera mitad del siglo XX, se dijo muchas veces que el tango “Malena” se lo escribió a ella, aunque existen versiones encontradas, otros dicen que se lo dedicó a una cantante argentina llamada Malena de Toledo, que conoció al volver de un viaje a México. Lo que sí confesó ella fue que él le dedicó otros temas como: “Sur” y “Solamente ella”.
Fue llamada “La Gardel con polleras”, “La voz dramática del tango” y “La voz diferente”. Ella no estuvo de acuerdo con ninguno de estos motes. Tenía muy en claro que para triunfar en el arte hay que buscar hacia adentro y no copiar. Dijo en muchas oportunidades que al iniciar su carrera hacía el repertorio de Gardel por admiración, pero que nunca lo imitó y pronto armó su propio repertorio. Su flexibilidad y adaptación al devenir tanguero, se aprecia al recorrer su carrera y ver que pasó de los valses de la década del 20, al tango canchengue, tango dramático, tango canción y hasta llegó a hacer la muerte de “Jacinto Chiclana” de Borges y Piazzola. A propósito de Piazzola, ella decía: “todos quieren ser Astor Piazzola, no podrán porque Piazzola hubo uno solo como Gardel, Magaldi o Corsini. Por eso esta decadencia. Porque si cada uno mostrara lo que sabe volverían más las orquestas típicas.”
Su adhesión no negociable con el peronismo de Perón y Evita, le valió en el ’55 integrar la lista negra de los que no eran contratados en ningún lado. Su amiga Tita Merello le consiguió un trabajo en Montevideo y luego se fue a Venezuela. Volvió en la década del ’60.
Mantuvo un noviazgo de 8 años con Anibal Cufré, hasta la muerte de éste. Y finalmente, teniendo ya 82 años se enamora de Héctor Oviedo, mucho más joven que ella, periodista, poeta lunfardo y verdadero compañero de Nelly Omar desde el año 1993 hasta 1999 en que él fallece.
Nelly Omar fue una cantante extraordinaria, su voz mantuvo la nitidez durante toda su carrera, fue una verdadera feminista en el sentido esencial del término ya que se mantuvo a sí misma y vivió la vida de acuerdo a sus convicciones y creencias sin dejarse arrastrar por las convenciones sociales, fue una mujer que hasta el final de sus días, siguió creyendo que el enamoramiento es uno de los mejores estados.
Marina Zucchi, del diario Clarín, le hizo una entrevista un día antes de cumplir 100 años, y hablando de lo feliz que había sido con Héctor Oviedo, la periodista le preguntó: “Ahí dejo de enamorarse?” Y ella contestó: “No, lo más lindo que hay es enamorarse. Correspondido, desde luego. Porque si te enamorás de algo imposible, no podés ser feliz.”

Homero Manzi murió muy joven, a los 42 años y meses antes de su deceso escribió dos letras: “Versos de un payador para el general Juan Perón” y “Versos de un payador a la señora Eva Perón” a las que le puso música Hugo del Carril. Nelly Omar las cantó fiel a sus convicciones y un 20 de diciembre de 2013 terminó sus días cantando para adentro mientras dormía.


Publicado en Revista Aquende, Junio 2017

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martes, 2 de mayo de 2017

Murió Abelardo Castillo

¡Qué día negro para la literatura! Murió uno de los escritores que leí con más ahínco, con pasión y, a la vez, advirtiendo que en cada página, en cada frase me estaba dando una lección de cómo se escribe. Leerlo, solo leerlo era tener un taller literario a disposición.
Desde que en mi adolescencia leí "Las Otras Puertas"  (Premio Casa de las Américas cuando él contaba 26 años) hasta sus últimos textos, pasando por Los Cuentos Crueles, Israfel, El Evangelio según Van Hutten, El que tiene ser, Crónica de un iniciado y tantos otros que compré, regalé y me regalaron, siempre he corroborado que la literatura es un sentimiento, una manera de acceder al conocimiento a través de la sensibilidad.
Tuve la suerte de conocerlo personalmente y de entrevistarlo en Radio Municipal, en el programa "Taller azul" que hacía con María Delia Gavin y al que concurrió con su esposa, la escritora Sylvia Iparraguirre, Fue otro día aciago para el arte, esa vez para el cine, porque nos enteramos antes de salir al aire, que Federico Fellini había muerto y todos en el estudio estábamos conmovidos por ese ser, del que nos separaba un océano pero al que estábamos fuertemente unidos por sus creaciones cinematográficas. Y compartimos un duelo.
Abelardo Castillo fue uno de los grandes escritores argentinos, fue un  autodidacta quizás por eso había logrado desmenuzar hasta el hueso la esencia de la escritura, buscando respuestas sin arrogancias pero con la convicción de que lo que decía no lo tenía agarrado con alfileres
Fue un  hombre que no se formó en la mejor universidad sino a través de sus lecturas, y escucharlo siempre resultaba una fiesta porque lo que decía no eran frases ni pensamientos que oyera o leyera en otro lado sino el producto de reflexionar sobre sus experiencias y sobre el camino realizado para lograr sus propósitos.

Hasta la relectura de otro de tus textos

Mi sincero pésame a Sylvia, Omi Fernández

sábado, 1 de abril de 2017

Paul Verlaine y Vincent Van Gogh

Un 30 de marzo nació el poeta francés Paul VERLAINE, corría el año 1844. Su poesía se caracterizó por climas delicados y melancólicos de gran vuelo contrastantes con la turbulenta, amorosa y apasionada vida amorosa que tuvo con otro gran poeta: Arthur Rimbaud (apodado "el poeta maldito"),
El siglo XIX no fue compasivo con los homosexuales, mucho menos si uno de ellos estaba casado y era padre como el caso de Verlaine, que se atrevió a dejar a su familia para seguir a Rimbaud que por ese entonces tenía 16 años.
La historia fue llevada al cine en 1995 por la directora polaca Agniezska Holland, con estupendas actuaciones de David Thewlis (Verlaine) y Leonardo Di Caprio (Rimbaud),  aquí comparto "Il pleure dans mi coeur - Llueve en mi corazón", en su versión bilingüe. Ninguna de las traducciones que se han hecho logró captar la musicalidad del francés original pero, a falta de pan...

Y puesto que Vincent Van Gogh también cumplió años el 30 de marzo, nada mejor que su obra "Campo de trigo en la lluvia" para ilustrar el poema 

Il pleure dans mon coeur     Llora en mi corazón 

Comme il pleut sur la ville ;    como llueve en la ciudad; 

Quelle est cette langueur        ¿qué languidez es ésa 

Qui pénètre mon coeur ?          que penetra en mi corazón?

Ô bruit doux de la pluie         ¡Oh, ruido suave de la lluvia 

Par terre et sur les toits !     en la tierra y en los tejados! 

Pour un coeur qui s'ennuie,      Para un corazón que se aburre 

Ô le chant de la pluie !         ¡el canto de la lluvia!


Il pleure sans raison            Llora sin razón 

Dans ce coeur qui s'écoeure.     en este corazón que se revuelve.

Quoi ! nulle trahison ?…         ¡Qué! ¿Ninguna traición?…  

Ce deuil est sans raison.        Ese luto es sin razón.    


C'est bien la pire peine         ¡Es pues la peor pena     

De ne savoir pourquoi,           no saber por qué,            

Sans amour et sans haine,        sin amor y sin odio, 
    

Mon coeur a tant de peine !      mi corazón siente tanta pena! 



Paul Verlaine (1844-1896)