lunes, 5 de noviembre de 2012

STIEG LARSSON Y HENNING MANKELL, el boom de la literatura policial sueca



Stieg Larsson (1954-2004) es el creador de la saga Millenium, una trilogía que en la traducción al español se tituló: “Los hombres que no amaban a las mujeres”, “La Chica que Soñaba con una Cerilla y un Bidón de Gasolina” y “La Reina en el Palacio de las Corrientes de Aire”, todas ellas con tiradas excepcionales. Las tres fueron llevadas al cine en Suecia con las actuaciones de Noomi Rapace y Michael Nyqvist, en los roles de Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist.
Mikael es un periodista romántico que lucha por sus ideales con una cuota de ingenuidad que lo lleva a perder su trabajo en el diario por haber intentado desenmascarar las tropelías de una corporación y Lisbeth es una hacker veintiañera, bisexual, que anda en moto, viste chaqueta y pantalones de cuero, lleva un corte de pelo estilo punk y tiene en la cara varios piercing, una apariencia provocadora para un ser sensible que se rebela con las situaciones de vida que le han tocado en suerte, o en mala suerte, y por lo tanto no quiere ni puede entregarse a una relación emocional comprometida.

Larsson es más efectista que Mankell, tiene el olfato de saber elegir el tema y como afrontarlo, para lograr el éxito. A propósito de sus habilidades para épater y sin la menor intención de su parte resulta curiosa las circunstancias de su muerte, algo como una mise en scene lamentable porque luego de entregar el tercer ejemplar de Millenium a la imprenta, falleció de un ataque al corazón sin disfrutar de la fama que lograron sus novelas a nivel mundial.
La repercusión masiva de una obra literaria se patentiza cuando una productora importante compra los derechos, tal como Columbia Pictures hizo y, este año se estrenó una nueva versión de la primera novela, bajo el nombre de “La Chica del Dragón Tatuado” encarnando el personaje Mikael Blomkvist, el actor Daniel Craig, último y actual James Bond de la saga de Fleming.
Henning Mankell nació en Estocolmo en 1948, es narrador y director teatral, ambas actividades las desarrolla tanto en Suecia como en Mozambique. En su país es uno de los dramaturgos más populares pero su éxito en el extranjero se lo proporcionó la serie de novelas policiales cuyo personaje principal es el detective Kurt Wallander. Una suerte de antihéroe gordo, que bebe demasiado y escucha ópera italiana, especialmente cantada por el tenor sueco Jussi Bjorling.
No está en las antípodas del héroe puesto que no es un rebelde, ni se viste de manera extravagante. Es un ser común y corriente que pasaría desapercibido si no fuera por su trabajo como detective en el departamento de policía de un pueblo del sur de Suecia llamado Ystad.
Es divorciado, mantiene una relación conflictiva con su padre y un vínculo problemático con su hija, quien en la adolescencia tuvo un intento de suicidio. Su mejor y más fiel compañero es su perro Jussi.
La buena acogida del público, tanto en su tierra como en toda Europa, hizo que se llevara a la pantalla grande con el actor sueco Rolf Larsgard, quien protaganizó el rol de Wallander en nueve films uno por cada una de las novelas de la saga.
Luego se realizaron dos temporadas de trece capítulos cada una para la televisión, no sometiéndose a las obras literarias y con la participación del mismo Mankell en el guión. En el rol principal, se destaca Krister Henriksson, acompañado en la primera temporada por Ola Rapace como un detective joven y temperamental.<
Posteriormente, el actor inglés Kenneth Branagh se entusiasmó con el personaje al punto de encontrarse con el autor para convencerlo de realizar una nueva versión que se concretó en nueve episodios, basados en las novelas.
En la Argentina, es en Films & Arts, donde se emiten tanto la versión para la televisión sueca de Henrikssen como la de la BBC con el inglés Branagh.
Con este personaje Henning Mankell se convirtió en un bestseller y fue traducido a muchos idiomas, con igual éxito en todos.
Tanto Larson como Mankell son herederos de Maj Sjwall (Estocolmo 1935) y Per Henrik Wahl (Lund 1926-Estocolmo 1975), matrimonio de escritores suecos donde abrevan todos los que les siguieron.
Otros novelistas escandinavos del género son Jo Nesbo (noruega); Arnaldur Indridason (Islandia); Kjell Ola Dahl (Oslo, 1958) y Anne Holt (Larvik, 1956), entre otros.
Desde Raymond Chandler y Dashiell Hammett, que no se producía un boom de la llamada serie negra que adquiriera estas proporciones.

Omi Fernández

domingo, 4 de noviembre de 2012

Lawrence Durrell, hechizo de una ficción


El Cuarteto de Alejandría de Durrell

Lawrence Durrell (1912-1990) nació en la India Británica.Aunque se lo considera inglés, él rechazaba ser atrapado en los límites de un país y se veía a sí mismo como un ciudadano del mundo.

Escribió El Cuarteto de Alejandría (formado por Justine, Balthazar, Mountolive y Clea – 1957/60) para explorar a fondo el amor a mediados del siglo XX, sin mojigaterías ni moralinas. Se desarrolla en la ciudad de Alejandría después de la Primera Guerra Mundial y hasta ya iniciada la Segunda. La estructura se basa en crear una misma historia,para las tres primeras novelas, que comparten lugar y tiempo, narrada por tres personajes distintos cuyas versiones van completando los datos que darán al lector una ficcionalidad fragmentada y parcial, es decir, similar a la realidad.
La idea de una trama que se va armando con el testimonio de distintos personajes no es nueva, en el siglo XIX Wilkie Collins la concretó en una obra maestra “La Piedra Lunar” (1868). Pero la diferencia estriba en que en ésta los mismos hechos son relatados desde la óptica de cada personaje, en cambio en Durrell no es la interpretación de los mismos lo que enriquece la trama, sino los hechos que se van sumando y modificando la totalidad. La cuarta obra se inicia donde terminan las anteriores. Asi, Justine, Balthazar y Mountolive son hermanas en tiempo y lugar, y Clea, es la que transcurre a partir de allí. La capacidad de Durrell de penetrar a fondo en la psicología de cada una de sus criaturas despierta en el lector emociones muy fuertes, que van cambiando con el avance de la lectura.
No es sólo una indagación sobre el amor, es una obra sobre las búsquedas esenciales del ser humano, el sexo como gran motor y máscara de la soledad, el arte, la religión, la política y el sentido o sinsentido de la vida. «Por medio del arte logramos una feliz transacción con todo lo que nos hiere o vence en la vida cotidiana, no para escapar al destino, como trata de hacerlo el hombre ordinario, sino para cumplirlo en todas sus posiblidades: las imaginarias.».
Los personajes principales son cinco, los cuatro que dan nombre a las unidades y Pursewarden, un alter ego de Durrell, y el que está retratado con mayor hondura. Es un escritor exitoso, de baja estatura, gordo, rubio y arrogante, con una ironía que esconde dolor. Su desapego a los sentimientos, oculta el gran amor que lo une a su hermana Lisa, ella es ciega, ve con los ojos de él. La soledad y la indefensión -siendo muy niños- los une para confrontar al mundo, en una relación incestuosa que la sociedad condena con la locura o con la muerte, él, en su lucha interna, y pese a mostrarse como un cínico alcoholizado y agresivo, acude al suicidio en un acto de supremo amor y generosidad hacia su hermana: «Elegir la muerte cuando sea la única posibilidad de ser un hombre» según reza en Aden Arabia de Paul Nizan. Es desaparecer para que Lisa, viva un amor que pueda mostrar y mantener en el tiempo.
Justine como novela es la más poética y reflexiva de las cuatro, está escrita en primera persona por Darley, profesor de literatura que anhela ser escritor . Éste ha vivido una historia con Justine a quien pinta como ninfómana, esquiva e inaprensible.
Ella proviene de una clase media-baja, y desde su casamiento con Nessim, es una playgirl . Se muestra al principio como una seductora infiel, y su caracterología se va desovillando y enriqueciendo hasta transformarse por completo. Cuando Darley, escribe el manuscrito llamado Justine, se lo envía a Balthazar, observador sagaz y médico de Alejandría quien lo completa con sus opiniones . Así, Justine-amante de Darley durante el primer tomo del cuarteto, aparece como la enamorada de Pursewarden. Balthazar da título a la segunda obra, es un médico, homosexual, obsesionado por el gnosticismo y que se devela como iniciado en la Cábala, así como también sospechoso de ser el jefe de una conspiración contra el gobierno. Coptos, judíos, gnósticos y ateos se mezclan en este buceo de aguas profundas en que los personajes defienden su postura sin caer en lo discursivo. Esta obra es la más anécdotica de la serie, apasionan personajes como Leila, madre de Nessim y Naruz. Leila es amante de Mountolive, éste dará nombre al tercer volumen, en el cual la política tiene mayor relevancia y donde aparecen las verdades ocultas. Está escrito en tercera persona con narrador omnisciente
Asistimos a la conspiración organizada por Nessim, debida al aislamiento de todos los grupos minoritarios -coptos, egipcios, judíos, etc.- de la esferas del poder. Nessim trafica armas para Palestina considerando que si ésta triunfa lo hacen todos los grupúsculos también. Esto significa echarse a los ingleses en contra, quienes desde la embajada y a través de Mountolive y Pursewarden, están realizando la investigación.
Surge aquí la verdadera razón de la unión entre Nessim y Justine, copto y judía, que se necesitan mutuamente y otro de los muchos amores no correspondidos de la obra, el de Naruz -desdichado por su labio leporino- hacia Clea y la repulsión de ésta hacia él. Leemos una Justine que ya no es la supuesta esnob, sino una mujer leal, infiel como tapadera del objetivo real, el movimiento secreto en el que ambos participan y se sostienen. El amor que se profesan es superior al carnal. No tan diferente de la relación epistolar que su madre, Leila, mantuviera con Mountolive, mucho menor que ella, ésta relación, tanto epistolar como física, recibirá un golpe duro más adelante.
Mountolive será el responsable de la investigación sobre el tráfico de armas a Palestina, liderado por Nessim, pero se desespera creyendo que es Leila, su antigua amante, la cabecilla del grupo. A su vez, Leila, conminada a una suerte de autoclausura por padecer la viruela negra que destruyó su belleza, se entera de que Nessim corre verdadero peligro, rompe su encierro y lo visita para rogarle que salve a su hijo y lo hace a cara desnuda. El, por su parte, se da cuenta de que en todos estos años, no había pensado en la diferencia de edad entre ellos, y la ve envejecida como si viera a una extraña.
La serie se cierra con Clea, una artista plástica, independiente, inteligente y solitaria. Juntos son los testigos sobrevivientes de la caída del traficante de armas, que ahora, trabaja para el gobierno en un puesto subalterno puesto que al fracasar su movimiento sus bienes fueron confiscados y Justine, que con agrio resentimiento vive prisión domiciliaria.
Las novelas pueden leerse por separado, pero como obras autónomas no llegan a descollar, son partes de un todo. Valen en tanto y cuanto pertenecen a un contexto mucho más amplio. Durrell declaró que se propuso realizar una novela como un navío de cuatro puentes cuya forma se basa en el principio de relatividad y las revaloriza esa suerte de proposición científica que puntualiza al principio del libro Balthazar, al considerar que tres lados de espacio y uno de tiempo constituyen la receta para cocinar un continuo.
Nos proporciona el sentimiento de creer que los personajes son nuestros amigos, nos invita a discutir sobre ellos, nos habla de sus interioridades y, en fin, muestra una ficción que es como la realidad, personas y personajes, fragmentados, como somos todos.
Tiene la magia que permite al lector entender el significado de la literatura como algo más que una sucesión de hechos o anécdotas entrelazadas, tiene la reflexión poética del autor, al mejor estilo europeo, o mejor aún, nos recuerda la gran novelística del siglo XIX, cuando los escritores nos abrían la puerta al mundo y, en esa universalidad, se concentra lo mínimo. El tema central es una parábola sobre la imposibilidad de completarse, del miedo a la muerte y de la disconformidad del ser consigo mismo, conflictos que los rodean en momentos sublimes. Como en la vida, todo es parcial y todo es relativo, porque la vida es un gran mosaico, un fresco de Da Vinci, donde tirios y troyanos tratan de sobrevivir y amar. ¿Acaso no depende todo de nuestra manera de interpretar el silencio...?



Omi Fernández
Publicado en el Anuario de literatura AVATARES - Noviembre 2012

Santiago Kovadloff, construcción de lo diáfano



Santiago Kovadloff es un hombre de la cultura que se ocupa de hacer didáctica, no sólo en sus cátedras sino en cada artículo que escribe y en cada entrevista que concede. Su vocación docente está presente y se le advierte el regocijo de brindarse con generosidad compartiendo sus conocimientos, producto de años y años de lecturas reflexivas.
Contrariamente a las disciplinas a las que se dedica, traducciones, ensayo filosófico y poesía alejadas de los gustos populares, Kovadloff es consultado en los medios radiales y televisivos para expresar sus opiniones como un referente importante de la comunidad.
Pluralista, demócrata, cultivador de una actividad humana poco transitada como es el escuchar al Otro, expone sus ideas analizando y proponiendo pensar, sin fanatismos y aleccionándonos sobre las ventajas del sentido critico, los favores del disenso y las oportunidades que nos brinda la concertación.
Según sus propias palabras, la Argentina desde hace 200 años arrastra una cultura de la fragmentación. Rechaza la falsa dicotomía entre el silencio o la obsecuencia servil y rescata el acto de escuchar en su valor revolucionario. Escuchar, dice, es peligroso, porque si uno escucha puede entender y si entiende tiene que abrirse a la posibilidad de unirse.
Como periodista escribe habitualmente en el diario La Nación, también colabora con la Sociedad Hebraica Argentina así como con las revistas católicas Criterio y Communio, dejando en claro su versatilidad intelectual.
Es invitado para dar conferencias en distintas partes del mundo y ha sido distinguido como Profesor Honorario de la Universidad Autónoma de Madrid, miembro de la Real Academia Española, de la Academia Argentina de Letras y de la Academia Nacional de Periodismo. Asimismo, ha sido reconocido en varias oportunidades por el gobierno de Portugal por su labor como traductor y antólogo de sus poetas.
Un párrafo aparte merece la traducción y difusión de la obra de Fernando Pessoa, poeta portugués que está entre los mejores vates de la poesía occidental del siglo XX, también ha traducido a Vinicius de Moraes, Mario de Andrade, Manuel Bandeira, Murilo Mendes, Carlos Drummond de Andrade, Machado de Assis, João Guimarães Rosa y Mario de Sá-Carneiro.
Recientemente, fue destacado por la Masonería Argentina con la Orden al Mérito por su “labor en favor de la paz y la concordia, la armonía y tolerancia entre los hombres de diverso pensamiento, y sus esfuerzos en pos del crecimiento cultural de los pueblos, razones que concuerdan con su frase: “Mi sueño es que la Educación sea una política de Estado, y que prescinda de cualquier Gobierno”.
Como autor tiene una vasta obra tanto en poesía como en ensayo, de sus muchos títulos uno de los últimos es “La nueva ignorancia y Sentido y Riesgo. Dos miradas”. En el cual desentraña la posición de ignorancia frente a las nuevas tecnologías y la doble vertiente de la vida cotidiana ya que no podemos vivir sin previsibilidad ni con la ausencia de ella.
Ha escrito además libros para niños y junto a Marcelo Moguilevsky (piano, saxo y percusión) y César Lerner (flauta y acordeón) realiza espectáculos en los cuales recita a poetas de su preferencia (ya lo hicieron con Pessoa, Cortázar y Borges) con la musicalización de los artistas nombrados.

Omi Fernández


Del libro Ruinas de lo Diáfano (Nuevo Hacer – Grupo Editor Latinoamericano – Buenos Aires, 2009, 57 págs.) compartimos dos poemas: Encuentro y Precisiones.

ENCUENTRO

Me encanta,
de vez en cuando,
estar a solas conmigo.
Los fantasmas
pueden ser
una grata compañía.

PRECISIONES

Me gustan las puertas que gimen,
los goznes quejumbrosos,
las tablas del piso que ceden y crujen,
esas letras de hierro devoradas por la herrumbre,
el moho y su verdor, la ruina de lo diáfano.

Nada está a salvo de la vida.
Porque es vida
lo que cava, quiebra y oscurece;
vida la humedad,
los hongos que florecen
en los altos ángulos pasivos;
vida lo que roe, vida lo que hiere,
vida ese aliento ciego y sucio
que se filtra en la madera y la deshace,
en tu piel y la seca,
en el pétalo y la agota.