martes, 20 de octubre de 2015

GALINA, un relato ruso

Galina Vishnévskaia fue una soprano rusa, nacida el 26 de octubre de 1926 en la actual San Petersburgo quien luego de una niñez marcada por el hambre y la guerra, logró a los 26 años integrar el Teatro Bolshoi de Moscú, ratificando una vez más que ante la adversidad se puede reaccionar de dos formas muy distintas: lamentarse de la propia suerte o luchar por transformar esa suerte esquiva en posibilidades.

Ella y su marido, el famoso violoncelista Mstislav Rostropóvich fueron de los pocos artistas que tenían permitido viajar fuera de Rusia por el renombre internacional que habían alcanzado.

Fue un difusora de los grandes compositores rusos y amiga personal de Shostakóvich un compositor muy perseguido por el estado comunista pero quien con un sentido patriótico muy acendrado, decidió permanecer pese a la persecución constante sobre su persona.

Otro artista considerado enemigo del estado fue Aleksandr Solzhenitsyn. El matrimonio lo alojó en su casa de campo y lo defendió públicamente por lo cual tanto Galina como Rostropóvich debieron emigrar, se les quitó la nacionalidad rusa (fue devuelta en la perestroika) y todas las grabaciones de ópera de ella fueron borradas por el gobierno. 


En 1974 se radicaron en Estados Unidos donde continuaron su obra musical, el con sus conciertos de cello y ella a quien llamaban la Maria Callas rusa, en la ópera. (donde años más tarde lograría dirigir la ópera "La novia del zar" (1987).

En 1984, publica su autobiografía "GALINA, un relato ruso" que además de estar espléndidamente escrito, muestra como nadie cómo se vivía en la Rusia soviética, la ausencia de libertades, las prebendas de los famosos y las luchas de artistas como Shostakóvich y Solzhenitsyn. 

Es de destacar que Galina no se propuso escribir sobre su país, sino dejar  testimonio de su vida como artista, de sus 52 años de matrimonio con el cellista más famoso del mundo, y seguramente, como legado a las dos hijas que tuvieron juntos, pero su sensibilidad y cultura lograron transmitir la opresión que se vivía en esos años con total claridad.

En el 2002 abrió su propio teatro en Moscú, en el 2007 falleció su marido y ella siguió con sus actividades musicales hasta su muerte, en el 2012.






En esta grabación extractada de Youtube, Galina Vishnévskaya canta el aria de La Carta de la ópera Eugene Oneguin, dirigida por su esposo Mstislav Rostropóvich  en la Opera de Paris en 1982, en una versión que fue antológica con Neil Shicoff en el papel de Lensky.

viernes, 9 de octubre de 2015

¿Quién es el “pibe Chacarita"?


Los lectores de la Revista Aquende están familiarizados con las notas firmadas por “El pibe Chacarita”, ya que desde hace treinta años colabora, mes a mes, con este medio gráfico insuflándole una cuota de melancolía por los tiempos pasados en el barrio.
Los vínculos afectivos que él creara en su niñez y en su adolescencia aparecen, una y otra vez, como si no tuvieran fin en la medida en que “les da hilo”, como decíamos cuando éramos chicos y remontábamos un barrilete.
Sin lugar a dudas, son artículos con un color y un aroma particular. En ellos está presente el porteño de barrio de los años 40 y 50, así como también una suerte de historia tanguera ya que en la mayoría de sus notas hay referencias a las letras de tangos que se ajustan al tema del que se ocupa.
El tango no podía estar ausente en esta remembranza que nos impide olvidar un Buenos Aires que ya no es, pero que sin embargo está presente en la memoria de muchas personas, especialmente si ya han pasado los 60 años.
Por otra parte, es novedoso para los jóvenes que no vivieron ni los encuentros en el bar de la esquina, ni los consejos que en esos bares los adultos mayores les daban a los jovencitos, que los escuchaban y los consideraban sus ídolos. Porque los niños de hoy no conocen jugar al fútbol en mitad de la calle, ni de las lecherías, ni de los pianos que se escuchaban en la calle provenientes de las casas con balcones a la vereda.
Quien firma las notas como: El Pibe Chacarita, vivió una época en que los argentinos confiábamos en nuestros vecinos, en que los abuelos eran escuchados y valorada su experiencia, en que las familias vivian en casas grandes con patios llenos de macetas y habitaciones de cinco por cinco que permitían que tres generaciones estuvieran juntas compensando las carencias de una con las otras y sin molestarse mutuamente por la estrechez de los ambientes.
Hoy, los departamentos pequeños o incluso de dos y tres ambientes, resultan insuficientes para que la familia conviva y ni hablar de tener mascotas.
Todo esto está contado en el libro “Gente del Barrio” de “el pibe Chacarita” el primero de una serie de publicaciones que bajo el título de “Colección Porteños” sale a la calle de la mano de editorial Aquende.
Ahora, ¿Quien es el pibe Chacarita? Es el ingeniero Héctor Moretti, que nació en la calle Fraga 311 del barrio de Chacarita un 22 de febrero de 1933, aunque a los pocos meses se mudó a Guevara 475 donde creció hasta su emancipación.
Su padre era argentino y estaba empleado como cuidador del cementerio del Oeste y su madre era una inmigrante italiana que llego a los dieciseis años, de esta unión nacieron tres hijos: Arnaldo, Nelly y Héctor.
Poseedor de una gran memoria -que su edad no ha podido derrumbar- ha vivido su niñez y adolescencia en este barrio del que no puede cortar amarras porque en cada línea que escribe se percibe su amor y esta facultad, la memoria, y este sentimiento, su amor al barrio, le han permitido durante 30 años que mes a mes tuviera la posibilidad de contarnos una historia nueva.
Es curioso que aunque suele disculparse por los errores que puede cometer a raíz de su edad, su cabeza sea una especie de cueva llena de tesoros que va sacando y enhebrando reconstruyendo la historia del barrio y sus habitantes.
Se mencionan las familias más renombradas e influyentes que tuvo ocasión de conocer, así como también las anécdotas jugosas y pintorescas de personajes tales como “El acróbata ruso” que por supuesto no era ni ruso ni acróbata, las casitas de Lutz Ferrando, un conjunto de viviendas interconectadas puesto que las medianeras eran muy bajas, la creación del Sporting Social Club en Dorrego y Guevara, las clases de piano del maestro Yula, los actividades ilegales de ”Pepe el quinielero” quien, en una oportunidad, evitó ir a la cárcel tragándose todos los papelitos con los números de las apuestas.
En estos relatos no podían estar ausente la familia “Anconetani” conocidos hermanos luthiers de acordeones a piano que a través de los años han mantenido el oficico de sus ancestros y, en la actualidad, hicieron un Museo del Acordeón cuya historia se puede conocer en este museo.
Los mejores intérpretes de este instrumento, tales como Antonio Tarragó Ros y el Chango Pasiuk -por nombrar sólo a los más conocidos- son asiduos concurrentes al negocio de los Anconetani tanto para comprarlos como para arreglarlos, en muchos se puede ver grabado este apellido en la parte de adelante del acordeón.
Las familias que residen en Chacarita desde hace muchos años encontrarán sus apellidos homenajeados en el libro, así como también los negocios tradicionales y por todos conocidos.
Es un libro nostálgico y al mismo tiempo alegre y divertido, que rinde homenaje con la intención de mantener vivo el recuerdo de ese Buenos Aires del que Moretti da testimonio en estas páginas.